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¡Hola majos!

Soy Jazmín y mi vida acaba de cambiar de manera increíble. Durante los últimos dos años mi familia ha sido la protectora Bigotes Callejeros. En este tiempo he podido comprobar su amor por los felinos, cómo nos cuidan y se encargan, sin descanso, de buscarnos un hogar. 

Pero yo estaba tan cómoda con ellos que me he resistido a abandonarlos hasta ahora, que ya estoy en mi nueva casa. De momento he preadoptado a estos humanos, pero creo que les daré una oportunidad

Aquí, esperando tranquilamente a mis amigos bigotinos.

No se si alguna vez habéis estado en un refugio, pero allí los compañeros entran y salen cada pocos meses, aunque quienes lo tienen más fácil siempre son los cachorros. Somos tan adorables que no podéis resistir el deseo de estar junto a nosotros. 

Para una gata adulta, como yo, la cosa se complica, a pesar de las enormes ventajas que tiene estar con alguien que ya tiene el carácter y sus gustos formados. A eso, sumadle que venía de un Síndrome de Noé, de vivir en una casa con otras ocho amigas y todas en unas condiciones poco deseables

A consecuencia de ello, odio las manos de los humanos, me dan pavor y en cuanto puedo las muerdo para apartarlas. A veces mi familia me engaña y se tapa las manos para poder acariciarme, pero lo he pasado tan mal que aún me cuesta. Sin embargo, soy la mejor del mundo en hacer la croqueta y en reclamar atención y compañía

Meridiana no tiene muy bien el equilibrio, pero se maneja fenomenal en casa (Fotos de Bigotes Callejeros).

Una cosa os voy a decir, me encanta estar en mi nuevo hogar, porque estoy sola y soy la mimada de la casa, pero echo de menos sentir a los otros gatetes del refugio. No los veía, porque no llevaba bien estar con ellos, pero me parecían amor puro, casi todos ellos abandonados y rescatados y todos acaban encontrando su oportunidad de ronronear para siempre.    

DESDE HACE TRES AÑOS 

Allí los voluntarios de la prote van dos veces al día a vernos, a jugar con nosotros y a atendernos. Nos cuentan a veces cómo comenzaron su labor hace tres años cuando un grupo de humanos cuidaba de una colonia de gatos donde aparecían muchos abandonados

Al advertir esta situación, pensaron que sería mejor formar una asociación para poder ayudar a mis colegas de forma global, pero la cosa se les fue de las manos, comenzaron a atender más casos y el proyecto creció. Cuatro personas lideran este grupo en el que colaboran unos quince voluntarios

Si te adoptamos te miraremos así siempre. ¿Nos llevas a tu casa?

Todos ellos organizan actividades como tapeos solidarios para poder ayudarnos, nos hacen compañía, nos enseñan a ser sociables si alguno de nosotros tiene miedos y mantienen nuestro espacio limpio y seguro. Aquí encontramos lo más parecido a un hogar hasta que de verdad lo conseguimos. 

UN CENTENAR DE ADOPCIONES

Además, algunos afortunados van desde el principio a casas de acogida, donde la atención es continuada y pueden conocer a otros animales. Todos les estamos eternamente agradecidos, porque solo el año pasado facilitaron la adopción responsable de 140 gatos y este año esa cifra ya alcanza el centenar

No solo se quedan ahí. Esterilizan gatos de colonias callejeras y socorren a los animales que sufren. Algunos desalmados no tienen corazón y dejan bien clara su falta de humanidad con lo que les hacen a otros seres. Por fortuna, siempre hay personas dispuestas a ayudar y muchos pequeños pueden salir adelante. 

El antes y el después. Vuestra ayuda puede salvar vidas.

En primavera, durante los meses de abril y mayo, estos humanos reciben todos los días avisos de nuevos gatetes abandonados. Escucharlo en el refugio era terrible, con lo sencillo que sería tener un poco de responsabilidad y cuidarnos los unos a los otros. Aunque nos moleste infinitamente el collar isabelino, la esterilización es lo más efectivo para atajar los abandonos.

A mis hermanas y a mí no nos abandonaron, pero por haber vivido en una situación complicada le teníamos un miedo terrible a los humanos. Todas ellas encontraron a su familia definitiva antes que yo, pero me alegro de haber esperado a irme para disfrutar al máximo de mi familia bigotina. Les echaré mucho de menos.

Estos peques fueron arrojados a un cubo de basura. Una voluntaria de la prote los crió a biberón y ahora esperan encontrar una casita.

No os entretengo más, seguro que tendréis muchas cortinas que rasgar, que afilar vuestras uñas e intentar robar comida humana al descuido. Pero os animo a conocer el trabajo de las protectoras y a reconocer lo que hacen de manera voluntaria, muchas veces dando más de sí mismos de lo que sería razonable. Miau a todos, queridos.