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Si no fuera gata, me gustaría ser un coche de Fórmula 1. Hasta tal punto amo la velocidad. Soy tan rápida que ya os estoy contando mi vida y aún no me he presentado. 

Tricolor, veloz y divina. Así soy yo.

Soy Suki, una maravillosa tricolor que luce un pelaje blanco, marrón y negro y tengo cuatro mesecitos. Soy joven, pero tengo claro que de mayor seré piloto de F1 o de MotoGP. Porque mi amor por el mundo del motor viene del inicio de los tiempos. 

Una protectora me rescató en Zaragoza, pero reconozco que no se lo puse nada fácil. Vivía en los coches y, cuando intentaban cogerme, pasaba de uno a otro. Así tres días, majos, que una es resistente y sabe escabullirse.

Al cuarto día pensé que tanta insistencia en rescatarme tenía que ser porque me esperaba algo mejor que aquellos motores y, ni corta ni perezosa, abandoné el Suzuki donde me escondía. Sí, queridos Sherlocks, de ahí me viene el nombre. 

Adoro a Sofía, jamás la dejaré escapar.

Mis rescatadores tenían razón. La vida con Sofía es maravillosa. He pasado de buscarme la vida para comer a que mi joven madre me alimente con pienso y latas y a que mis abuelos me malcríen a base de jamón york y mortadela. Si pudiera os juro que pasaría todo el día comiendo embutido. Y me podéis llamar glotona, no me importa para nada.  

En nuestra casa en Ejea, como no podía ser de otro modo, me encanta pasar el tiempo en el garaje y en el corral, jugar con los cordones de los zapatos y pensar todo el rato como arreglaría o mejoraría los coches que veo pasar. 

Pero no todo va a ser trabajar en esta vida. También disfruto persiguiendo a mi ratón de juguete y dando paseos detrás de mis humanos, con el ánimo curioso y controlador que nos caracteriza a los felinos. 

Debo ser la única gata en el mundo a la que le gusta viajar en coche.

De hecho, me gusta tanto seguir a mi familia a todas partes que, por mucho sueño que tenga, me despierto al mínimo ruido y salgo corriendo; solo soy capaz de dormir tranquila cuando el silencio es pleno. Para ser una gata tan divina, duermo tan poco que a veces pienso que soy una vampigata.

Pensaréis que soy aún muy joven y que puedo decidir más adelante qué quiero ser de mayor en cada una de mis siete vidas, pero estoy convencida de que en esta tiene que ser algo relacionado con la velocidad porque así me gusta vivir, al límite