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¡Hola gatetes! Llevo dos semanas persiguiendo a Yeska para que me deje escribir, pero al fin lo he conseguido. Soy Sami y mi destino era ser una súper estrella de «Sensación de vivir», esa serie que volvía locos a los adolescentes en los 90, pero nací unas décadas después y ahora centro todos mis esfuerzos en adorar a mi querida humana. 

Llegué a este mundo hace siete años, no se muy bien dónde nací exactamente, pero me encontraron maullando junto a mis hermanos en un contenedor de basura. Si alguna vez los gatos logramos dominar el mundo, algunos humanos vais a tener mucho en lo que pensar, porque el karma existe y llega. 

Sí, soy un poco bizcochito, pero eso multiplica mi encanto.

Afortunadamente la mayoría de vosotros hacéis honor a vuestra categoría de humanos y un joven nos encontró allí y nos llevó, a mis hermanos, a mi madre y a mi, a su casa. A pesar de tener alergia a los felinos, que ya es de tener un corazón enorme. 

Un día, su hermana apareció en casa dispuesta a llevarse a uno de nosotros con ella. Os diría que le atrajo mi irremediable encanto natural, pero en realidad me vio despeluchado, indefenso y sin poder comer porque mis hermanos eran unos tragones. 

Así contestaba cada vez que me llamaba Brandon o Dylan.

Así que de ese momento de compasión comenzó nuestra historia de amor. No todo ha sido fácil en estos siete años, no os creáis. En primer lugar por el nombre que ella eligió para mí. Como os decía al principio, yo hubiera querido ser la estrella felina de una serie adolescente de los 90, pero de ahí a que me intentara llamar Brandon o Dylan va un ovillo de lana muy largo

Como no podía ser de otra manera, la ignoré hasta que me llamó por un nombre que de verdad me gustaba, Sami, de Samuel. Me recuerda a Samuel L. Jackson, del que soy fan desde que vimos una tarde «Pulp Fiction». 

¿Jugamos al escondite?

Otro episodio interesante de nuestras vidas ha sido que casi mato a mi humana. No queriendo, obviamente. Su hermano era alérgico a los gatos y, ¡oh sorpresa!, ¿cómo podríamos imaginar que ella también lo sería?. El caso es que cuando un gato llega a un sitio, lo hace para quedarse, así que mi humana está burlando a la muerte por asfixia cada día por el amor que me tiene. Nada que la química y la ciencia no puedan arreglar.  

Ante semejante muestra de amor verdadero no he tenido más remedio que ser un buen gato, un amigo fiel y cariñoso para ella, especialmente cuando comparte conmigo esa comida húmeda tan rica o alguna oliva y vinagrillo, ¡que me encantan!. No obstante, no dejo que me peine y me acicale; soy un rebelde sin causa, como Dylan, aunque no me gustara ese nombre. 

Mi adorada y ruidosa pelota.

También soy un vigilante y guardaespaldas excepcional, por eso no me gustan mucho las visitas, me suponen un trabajo extra y ya sabéis que los gatos nos tomamos nuestras tareas con calma.  

La única maldad que me permito, además de atentar cada día contra su vida por su alergia, es jugar con mi pelota con cascabel, un juguete que me acompaña desde mis primeros días en esta casa. Y pensaréis que no es para tanto, pero me gusta usarla cuando veo que ya se ha ido a dormir y va por su segundo sueño. ¡Qué sería de nuestras siete vidas sin alguna pequeña diablura! 

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