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Hello gaticos! 

Os vengo a contar algo muy extraño, no se si a vosotros también os está pasando, aunque me temo que sí. Mis Humanos llevan más de un mes sin salir de nuestra casa. ¡UN MES ENTERO! 

No nos dejan tranquilos en ningún momento del día y, la verdad, no entendemos nada. Al principio, la primera semana, nos encantaba poder tenerlos a nuestro lado a todas horas para reclamar mimos, agua, comida y atención. Ya sabéis que ser gato es un trabajo duro y necesitamos que sea reconocido. 

La compra se ha convertido en el gran evento de la semana. Y después, bien de lejía.

La segunda semana comenzamos a sospechar que algo raro pasaba, porque sus rutinas habían cambiado por completo. Ya no solo no iban a trabajar, sino que además les entró una obsesión compulsiva por limpiar y ordenar nuestra casa. Y la han dejado más limpia que nuestro arenero recién estrenado, pero tanto amor por la lejía nos extrañó mucho, aunque a nosotros no hay nada que nos guste más que retozar por los suelos recién fregados. 

En Semana Santa vivimos otro episodio rarísimo y es que en esos cuatro días tampoco salimos de casa. No es que nos guste viajar en coche, pero nos habíamos acostumbrado a ir a algún sitio en esos días y ni eso. Nada. En casa, todo el rato. Juntos, todo el tiempo

Además, están a todas horas pendientes de sus ordenadores, móviles y de los informativos. Así nos hemos enterado de que hay un bicho por ahí que está causando una crisis de dimensiones inmensas. Ojalá nos dejaran salir a cazarlo, porque este cambio de rutina no acabamos de saber cómo encajarlo y odiamos al virus con todas nuestras fuerzas gatunas por lo que está haciendo a los humanos. 

Por las tardes, en la terraza aplaudimos, tomamos el sol y hasta hemos aprendido a jugar a las cartas.

¿También en vuestras casas aplauden a las ocho de la tarde?. Aquí todos los días, otra novedad del último mes que se ha convertido en rutina, aunque en este caso es un acto muy emotivo. Esta nueva costumbre nos ha permitido descubrir más directamente a nuestros vecinos, a quien solo podíamos contemplar a través de las ventanas y ahora vemos cada tarde desde la terraza. Y lo que disfrutamos del sol en la terraza ahora que los humanos han colocado mesas y sillas para poder ver algo de calle y sentir el sol en sus cuerpos… 

La verdad es que no salimos de nuestro asombro de poder estar los cuatro todo el día juntos. A ratos no soportamos tanta convivencia, porque los gatos somos muy nuestros y nos gusta estar libres y tranquilos en nuestra casa, pero es agradable poder reclamar la atención de nuestros humanos a cualquier hora del día, o de la noche. Además, los queremos sanos y salvos y, por eso, siempre les decimos que se queden en casa, aunque tengamos que compartirlo todo a todas horas.  

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