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Os odio a todos.

Sí, no me miréis así. Sencillamente es que no os soporto humanos. Sólo a Marisa y únicamente porque me tiene bien alimentada, como podréis comprobar en las fotos. 

Cuando alguien viene a visitarla a casa no solo lo ignoro, sino que me escondo para no tener que verlo. Qué agotamiento tantas relaciones sociales y convencionalismos!

No penséis que mi resentimiento es fruto de una vida infeliz. ¡¡Qué va!! ¡¡Yo soy así y así seguiré, nunca cambiarééééééé!! Soy fan de Alaska, ¡ella sí que es digna del reino felino!

Os veo y me dan ganas de huir, qué le voy a hacer.

Nací hace cinco años en Alfajarín, en un pueblo cercano a Zaragoza. El hogar donde nacimos no podía quedarse con nosotros y nos dieron en adopción. Aquella fue la primera vez que mi bella Boniface salió en Facebook. 

Marisa me vio en esa foto sola, separada del resto de mis hermanos, y debió pensar que era una buena idea adoptar a la gata claramente asocial de la imagen. Si es que tenéis unas ideas…

Mi Humana, Marisa, cuando era pequeña tenía un gatito naranja en el pueblo, al que su abuela llamaba calabacero, y al verme quiso repetir. Eso no me extraña nada, porque de todos es sabido que Orange is the new black y somos la mar de elegantes.

Soy toda elegancia. Queredme.

Así que en el camino a su casa me bautizaron como Bonnie, aunque después he sido conocida también como Boniface, Bonifacia y Bonificación. ¡¡Y luego os preguntáis por qué os odio a todos!!

No contenta con ponerme ese nombre, al llegar a casa me encontré que allí ya había otro gato y que era mayor que yo. Vaya planazo.

Yo quería jugar y Silvestre pasaba de mi Boniface y me bufaba. Silvestre, también conocido como Silvester, Silvestre Pérez, Sylvester Stallone, Silvestron y Bizcochito, ¡qué os pasa con los nombres de los gatos!

El caso es que la cosa con Silvestre ha desembocado en un amor gatuno incondicional. Nos adoramos aunque, en ocasiones, nuestros juegos terminan siendo como las peleas del Tekken 3, pero desde el amor y el cariño. Creo que en el fondo se deja hacer porque teme que me lo coma también a él. Claro, me ve super faty y el pobre siamés se asusta…

A Silvestre lo adoro, aunque mi mirada no lo demuestre.

Reconozco que la vida en esta pequeña familia no está nada mal, aunque algo me dice que no soy la favorita de la casa y eso me tiene mosca perdida. Pero yo no me rindo, mi encanto asocial acabará por convencer a Marisa de que yo soy la gata dominante en este hogar. A Silvestre ya lo tengo convencido y el gato del vecino está de mi parte. ¡Venceré!.

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